martes, enero 20, 2009

Todos los sitios, periódicos, televisoras y demás medios se pelean por pasar las mismas imágenes de la toma de posesión del señor Hussein.

jueves, enero 15, 2009

Espectacular inauguración de la I Bienal de Arte Sacro Contemporáneo (http://ping.fm/UsziW?gid=29231653097&ref=ts)... y la obra ganadora de Marissé, bueno, genial!

miércoles, enero 14, 2009

Encuesta DEI sobre las elecciones nuevoleonesas (www.deisla.com)

jueves, enero 01, 2009

El escritor siempre inventa

Durante el recientemente finalizado 2008 aparecieron una vez más Best Sellers que aparentemente contaban una historia real y terminaban siendo un timo.

Ejemplos abundan en la historia: Misha Defonseca, quien se llama en realidad Monique De Wael, inventó una historia que se volvió Best Seller en 1977. El libro cuenta cómo deportaron a sus padres cuando ella tenía nueve años (ella no es judía, en realidad sus padres apoyaron la resistencia en Bélgica y fueron detenidos, nunca se supo más de ellos), su peripecia de 3.000 kms en medio de la guerra para encontrarlos, su paso y huída del ghetto de Varsovia y, sobre todo, cómo había sobrevivido en el bosque ayudada por una manada de lobos.

Para leerlo completo: http://www.deisla.com/index.php/?p=106

lunes, diciembre 29, 2008

Starbucks

Starbucks

starbucks.jpg

Cada cierto tiempo me encuentro con el mismo comentario: que los cafés de Starbucks son de lo peor, que son una franquicia mata negocios y un montón de comentarios similares.

Recuerdo uno con gracia: me encuentro a A. en la puerta del Starbucks del Paseo San Pedro, acá en Monterrey. Apenas nos vemos y me presenta a su esposa, se aleja un poco y comienza a decirme que él cree que el tipo que diseñó la empresa es un genio, porque la gente entra a comprar un café y se siente como más guapa e inteligente porque trae un starbucks en la mano, pero que él es feliz con el café de Seven-Eleven, que cuesta la tercera pate y es bastante bueno. eso me lo cuenta miestars su esposa le extiende uno de esos caros vasos con su líquido oscuro y caliente.

Luego, mi querida J. y su chavo, D. me dicen que son antistarbucks. No me dicen nada más, simplemente que nunca entran a uno.Intuyo que no lo han probado siquiera.

Finalmente me encuentro a mi buen amigo y mejor escritor J. en el starbucks de Hidalgo, junto al Hospital Muguerza, Con su libro del turco Pamuk bajo el brazo, me dice que a él le gusta mucho, que su mujer tiene su propio molino de café y lo ha vuelto poco a poco un conocedor del tema, pero me lo dice en voz baja, con un dejo como de “No se lo comentes a los demás escritores, esto es políticamente incorrecto”.

Finalmente, escucho lo más sensato que me ha tocado sobre el tema: un tipo intenta explicar a un grupo de padres de familia que sus hijosno son como ellos y no tienen por que ser como ellos. Y el ejemplo: starbucks. Al abuelo de la primera fila le pregunta cómo le gusta el café y el dice: negro, al hombre a su lado le hace la misma pregunta y dice: con azúcar y leche, la señora de la fila de atrás contesta: sabor vainilla y con leche light. Por último, una muchacha preparatoriana que parece ser la nieta del primer cuestionado contesta: caramelo machiatto alto con un extra shot, leche de soya y chispas de chocolate. El abuelo la mira con cara de: ¡eso no es un café!. Es claro dónde lo compra la chcia.

No hay mucho que agregar. Los gustos cambian, podemos disfrutar de las películas en blanco y negro o las de 3D y no tienen por qué ser mutuamente excluyentes.

Y sobre la parte de la gran corporación, simplemente agregaría que muchas de las personas que compran un café en starbucks quizá jamás se hubieran acercado a las delicias de esa bebida, mucho menos a las máquinas del Seven Eleven o del OXXO, esas sí llenas de polvos preparados para ofrecer un café sintético. Aunque, claro, son “nuestras”corporaciones (al decir esto, hay que darse un golpe en el pecho, con el puño cerrado, como le hacen los jefes indios en las películas del oeste, lo suficientemente fuerte como para que se escuche a tres metros de distancia).

Yo prefiero pagar un poco más por el café que me gusta: vainilla latte venti, con un extra shot. La leche puede ser entera o light, no me preocupa. Y si se me acaba, siempre hay en la oficina una cafetera que emplea del “Café de la Parroquia”.

Pero ese siempre será para el segundo vaso del día.